La noche me habla sobre aquéllas sonrisas de victoria,
y aquéllas lágrimas de grueso dolor con las que creí que moría.
Sinsabor de una misma sinfonía.
Inmersos mis ojos en un calor ardiente a punto de desbordar
un mar que ya no puede ocultarse tras la máscara.
Mi piel se pinceló de la rudeza de las cáscaras.
Los recuerdos que menos se olvidan son aquéllos que hiciste con delicadeza,
tramando que fueran los más especiales para quien lo hacías.
Y sin remedio, unas tristes cuencas a la luz de la noche, se vacían.
No enloquecí, sólo dejé de ser yo.
Y si no me entienden,
qué sabrán de lo que mi corazón sufrió...
No soy ni las virutas de amor quemado que un día fui.
Soy aquélla inflamable cortina de humo anunciada para no exhalar.
Mi tic tac grita amordazado
el auxilio con el que un día se sintió salvado.
Que no te di todo lo que tu quisiste, fue lo único que dejaste de encontrar,
pero de lo que recibiste, fue mucho más de lo que tú me ofreciste dar.
Me he cansado de buscarte, de fingir que me quieres aún,
de enloquecer por esperarte, pero no te das cuenta tú.
Que dé otra su vida por ti,
porque ya no escucho música donde creía que latías por mi.
No sé si volveré a ser lo que era,
sólo sé que dejé mi corazón allá donde te perdiera.
Creo que mi actitud es un mero escudero
que defiende mi pecho, para que no vuelva a romper de dolor.
Pero, ¿sabes?, me echo de menos a mi misma por lo que fui contigo.
Pero ya no eres mi ombligo.
Sigo siendo la diferencia que te gusta.
Que lo nuestro acabase no quiere decir que me catalogues ahora
como un defecto o una culpa.
Sabes que no hay caricias como las mías, que las vas a extrañar.
Que un día fueron sólo tuyas y las dejaste escapar.
El veneno que emerge de la copa de tus labios,
no es más que mi propio engaño,
por querer creer que nadie más sería razón de la que avivo.
No quiero ser víctima de una mentira que me provoco a mi misma.
Tu y yo ya no formamos parte de una misma vida.
Miéntete y di por tu cabeza una y otra vez que nunca te quise,
pero siempre sabrás que es tan falso como el velo que me viste.
Te clavé en el negro de mis ojos y sólo te veía a ti.
De quieta sonrisa mi boca, donde deshacías a tu antojo.
Te di mi vida a tus manos, y morí.
Borraste mi nombre y la fecha en la que entonces
no querías que me fuera.
Y al final fuiste tu quien me dejó desconcertada y desierta.
Me quedé en cada tilde de tus letras, como si no existiera.
A veces tú tan egoísta...
Que no te duela que haga mi vida sin tenerte en cuenta.
Haces de mi pensamiento un laberinto,
donde siempre vuelvo a un porqué.
Me intoxico de un bucle de remembranzas
en que apareces para hacerme doler.
Provocas que muera con sólo unas palabras.
Que mi mundo se pare y ya no haya risas.
Que mi gesto marchite y ya no exista.
Pero de esta secuela,
aprendo que el truco está
en que no te importe que te duela.
Al final de todo, las únicas ganas que tenía eran
de dejar de llorar todas las noches por ti,
a cambio de una caricia de alguien,
que sí me demostrara su amor.
Pues no sirve de nada construir un cielo alrededor de nadie,
porque cuando no haces algo bien,
sólo van a contar con lo que estuvo mal.
Siempre elegí complicarme la vida contigo.
Ser quien sostuviera tus defectos
y cuidara de ti, por encima de mi.
Tu elegiste descuidarme...
Sé que este es el último adiós, corazón.
Lágrimas que advierten enterrar vivencias que compartimos
para dejar de tenerte presente.
Me cansé del dolor que produce quererte.
Aún más de sentirme ausente, por este lastre
que causaste al romperme el pecho, como añicos los cristales.
Abriste mi corazón tirando el embalaje,
ahora quedó crudo, sin armas y sin traje.
Cargando de la herida donde disparaste.
Tu imaginación llegó a un extremo disparate.
Donde asociaste a la falta de costumbre
como síntoma de amante.
Entre todos los errores, que tú me demostraras con hechos las palabras,
era lo relevante.
Porque más que "te quieros", necesitaba mucho más, que me desmesuraras el alma...abrazándome.
Y por supuesto, amores ciegos donde debieras confiarme.
Caigo desde el precipicio por las balas,
donde perdí la cabeza por un tiro de tus armas.
Pero no me rindo, creo en mí, sé que soy capaz.
De rendir al orgullo de tenerte,
porque en ti, como pensaba, no habita toda mi suerte.
A veces las cosas tienen que acabar de una manera fea,
para que con el tiempo te alegres,
dándote cuenta de que haber seguido por aquél camino,
era una mala idea.
Blog de lectura. Sentimientos autobiográficos. Identificate. Aquí se grita lo que en ocasiones derrocha el silencio. Escucha tus emociones, desnuda tus sentidos.
Prisionera
Las cosas importantes
requieren de esfuerzos grandes.
Yo siempre rebusqué
de entre mis escasas habilidades.
Gracias a las decepciones me enseñé
a ser menos entregada
y más dura.
El amor es la más
consumible asignatura.
Me muerdo los labios
para no estar triste.
Para que no salga esa lágrima
que me consume y me desviste.
No supero esto.
En vez de sacarte de mi mente,
poco a poco,
sufrago entre nuestros momentos.
Y aquí nace mi enemigo llamada Reto.
Después de ti
no me encontré sentimientos.
Soy ese frío hielo
vestido de sonrisa,
llena de fingimientos.
Acostumbrar a alguien a algo
es lo peor que se puede hacer.
Cuando carece la costumbre
te tachan de no querer.
Creo que en tu vocabulario
no está la palabra Perdón,
y ése es tu problema.
Todo sería más fácil
si no hiciéramos de malentendidos
una guerra.
Yo no me retiro, sigo aquí,
aunque parezca que me fui.
Aunque la espera vaya a ser un sin fin.
No te preocupes,
lo que era contigo no lo seré con nadie.
Ocupé tu cobijo y fui niña
tan sólo con respirarte.
A veces hay que domar
una determinación impulsiva,
porque de ésta te puedes arrepentir
eternamente.
Una vez hecho el daño,
no hay retroceso ni perdón.
El orgullo consume el corazón
de las personas.
Juzgar el error
de los demás y no el propio,
hará que tu fragilidad
se vea sola.
Que nunca necesites saber que
va a ir bien para hacer algo.
Siempre será mejor
haberlo intentado.
Recibí un mal golpe
que me enseñó que pude
haberme apartado a tiempo.
Ahora soy yo la imprevisible.
Pero en ningún momento
dejo de hacer lo que siento.
Contigo fui mejor.
Y si pudiera regresar al pasado,
no sería lo que soy ahora...
una página rajada.
Ni tampoco dejaría
que mi corazón
colgara tu error.
Evitaría el siniestro
que esculpiste a fuego lento.
Quiero reescribir
un "ya no somos nada"
y que nuestras entretelas
sepan superar enfrentamientos.
Fuiste tu quien me apartó de tu lado.
No pretendas que quiera seguirte amando.
Pero que no quiera seguirte amando,
no quiere decir que no te ame.
Quiere decir que se cometieron fallos,
cortando con nuestra unión
de un modo lamentable.
Y créeme, que pasará mi vida
y para bien o para mal
tu seguirás corriendo por mi sangre.
tu seguirás corriendo por mi sangre.
Mi hoja perenne.
Me cuesta tanto empezar de cero,
que le tengo miedo.
Ahora intento hacer otra vida
y recuerdo que lo tenía todo contigo.
Me duele empezar de nuevo.
Una jícara frágil entre el deshielo
es únicamente como me siento.
Aplaude la armonía con desgarro
animando a melancolía, pero ésta más se apaga,
porque a tu lado su nombre era sintonía.
Siento que no tengo corazón
para nadie más.
Te lo di a ti y no vuelve de regreso.
Siento que mi voz quiere saltar.
Quebrar mi miedo a estar sin ti,
hasta quedarme sin recuerdos.
Estas letras sólo son las lágrimas
que lloro en el silencio que albergo.
Veo el abismo en la punta de mis pies.
Pero debo correr.
Alejarme de tu hospicio.
No podré querer a nadie como te quise a ti.
Nuestro amor no tuvo fin.
Y aunque comience otra historia
tu siempre estás ahí.
Ábreme el pecho.
Sácame la vida que compartimos.
Con pensarte me hiero.
Aunque no quiero tenerte en mi cabeza
me persigue lo que tu y yo tuvimos.
Me he vuelto tan dura como
la piedra que partió mi entendedero
de un sólo golpe.
Tan fría como la lluvia de invierno
en la noche.
Dejé de ser yo cuando tu dejaste de estar en mi,
porque eres la herida que me absorbe.
No tengo más ganas de probar la decepción.
Será mejor recordarte como
recuerdos de niño,
que por más que extraño, no vuelves
porque eres del olvido.
Tengo ganas de llorar todas las lágrimas
envenenadas de soledad.
¿Qué eres tu cuando habiendo despedido
mi corazón, sigues arrebatandole la poca paz?
Déjame olvidar, o hacer sordo al eco de esta sal.
No podemos seguir hablando
de los rasguños que nos hicimos,
porque no dejamos de hacernos daño.
Nunca podrás decir que te traté como un pasatiempo.
O no recuerdas las caricias que te continuaba
haciendo después de matar al aliento?
Con cuál mimo de hojas de otoño
que bailan despacio emprendiendo un viaje.
Con amor de madre a su retoño.
Inconscientemente me buscas.
Yo me doy cuenta.
Me abres el tupido velo
que cubrí sobre tu recuerdo.
Ahora me alborota la idea de que
tu de mi no te irás nunca.
Las cosas que duelen hay que dejarlas en silencio,
porque si las dejas hablar, hieren más.
Podía haber dado mi vida por ti.
Mi sonrisa era tuya.
No había dos personas entre tu y yo.
Sólo una.
Me quedo con todo lo que he aprendido amándote.
Pero tu pérdida es un dolor
perenne e irreparable.
que le tengo miedo.
Ahora intento hacer otra vida
y recuerdo que lo tenía todo contigo.
Me duele empezar de nuevo.
Una jícara frágil entre el deshielo
es únicamente como me siento.
Aplaude la armonía con desgarro
animando a melancolía, pero ésta más se apaga,
porque a tu lado su nombre era sintonía.
Siento que no tengo corazón
para nadie más.
Te lo di a ti y no vuelve de regreso.
Siento que mi voz quiere saltar.
Quebrar mi miedo a estar sin ti,
hasta quedarme sin recuerdos.
Estas letras sólo son las lágrimas
que lloro en el silencio que albergo.
Veo el abismo en la punta de mis pies.
Pero debo correr.
Alejarme de tu hospicio.
No podré querer a nadie como te quise a ti.
Nuestro amor no tuvo fin.
Y aunque comience otra historia
tu siempre estás ahí.
Ábreme el pecho.
Sácame la vida que compartimos.
Con pensarte me hiero.
Aunque no quiero tenerte en mi cabeza
me persigue lo que tu y yo tuvimos.
Me he vuelto tan dura como
la piedra que partió mi entendedero
de un sólo golpe.
Tan fría como la lluvia de invierno
en la noche.
Dejé de ser yo cuando tu dejaste de estar en mi,
porque eres la herida que me absorbe.
No tengo más ganas de probar la decepción.
Será mejor recordarte como
recuerdos de niño,
que por más que extraño, no vuelves
porque eres del olvido.
Tengo ganas de llorar todas las lágrimas
envenenadas de soledad.
¿Qué eres tu cuando habiendo despedido
mi corazón, sigues arrebatandole la poca paz?
Déjame olvidar, o hacer sordo al eco de esta sal.
No podemos seguir hablando
de los rasguños que nos hicimos,
porque no dejamos de hacernos daño.
Nunca podrás decir que te traté como un pasatiempo.
O no recuerdas las caricias que te continuaba
haciendo después de matar al aliento?
Con cuál mimo de hojas de otoño
que bailan despacio emprendiendo un viaje.
Con amor de madre a su retoño.
Inconscientemente me buscas.
Yo me doy cuenta.
Me abres el tupido velo
que cubrí sobre tu recuerdo.
Ahora me alborota la idea de que
tu de mi no te irás nunca.
Las cosas que duelen hay que dejarlas en silencio,
porque si las dejas hablar, hieren más.
Podía haber dado mi vida por ti.
Mi sonrisa era tuya.
No había dos personas entre tu y yo.
Sólo una.
Me quedo con todo lo que he aprendido amándote.
Pero tu pérdida es un dolor
perenne e irreparable.
Decepción
Desilusionada de palabras engalanadas
sin resquicio de verdad.
Engañada me he sentido
al comprobar que todo lo prometido
no tenía veracidad.
Cansada de "te quieros" tirados al vacío,
y aquellos "por siempre" que se rajaron al tiempo
como un descosío.
Es tan fácil montar ilusiones...
Me he preguntado tantas veces qué hacer con este corazón mío...
Me duele tanto tener tan roto ese sentido
de creer que todo saldrá bien.
Harta de apostar en corazones con puertas abiertas,
de creer en la oportunidad con fachada de princesa.
Qué embustero pasajero la palabra que corrompe
flagelando al deseo.
Un deseo de futuro
que se detiene en peleas de patoso fruto,
donde nace entre ambos el inevitable muro.
Ya no se hallazga amor cuando
se ha torturado sin descanso y con bravura.
Se descubre, pues, la razón de que seguir
en este lecho, es locura.
En la coincidencia recurrimos a la definición de "Destino".
A veces las señales no son buen amigo...
El acierto es un juego de azar con grandes
probabilidades de desatino.
Es mayor el ansia de necesidad
que la fuerza de controlar caer de nuevo.
Ojalá el valor de persona tuviera espejo.
No quiero disculpas de la causa de mi angustia,
como si pudiera olvidar la suma de las pullas
que hicieron burla a mi astucia.
El pasado que ralló a la piel
siempre queda en el cajón de quejas.
Cuando de nuevo rompas mi paz,
recordaré sonrisas muertas.
Hay amargos tragos que nunca se pueden olvidar.
Regresan en cada minucia donde quepa comparar.
Quisiera cubrir mis ojos,
dejar de ver cómo se abre mi piel...
No se puede arreglar un destrozo,
pero hay que ser fuerte para
inventar vendas en el sollozo.
Burlaré a la conciencia para no recordar
lo poco que me hizo bien y lo mucho que me hizo mal.
sin resquicio de verdad.
Engañada me he sentido
al comprobar que todo lo prometido
no tenía veracidad.
Cansada de "te quieros" tirados al vacío,
y aquellos "por siempre" que se rajaron al tiempo
como un descosío.
Es tan fácil montar ilusiones...
Me he preguntado tantas veces qué hacer con este corazón mío...
Me duele tanto tener tan roto ese sentido
de creer que todo saldrá bien.
Harta de apostar en corazones con puertas abiertas,
de creer en la oportunidad con fachada de princesa.
Qué embustero pasajero la palabra que corrompe
flagelando al deseo.
Un deseo de futuro
que se detiene en peleas de patoso fruto,
donde nace entre ambos el inevitable muro.
Ya no se hallazga amor cuando
se ha torturado sin descanso y con bravura.
Se descubre, pues, la razón de que seguir
en este lecho, es locura.
En la coincidencia recurrimos a la definición de "Destino".
A veces las señales no son buen amigo...
El acierto es un juego de azar con grandes
probabilidades de desatino.
Es mayor el ansia de necesidad
que la fuerza de controlar caer de nuevo.
Ojalá el valor de persona tuviera espejo.
No quiero disculpas de la causa de mi angustia,
como si pudiera olvidar la suma de las pullas
que hicieron burla a mi astucia.
El pasado que ralló a la piel
siempre queda en el cajón de quejas.
Cuando de nuevo rompas mi paz,
recordaré sonrisas muertas.
Hay amargos tragos que nunca se pueden olvidar.
Regresan en cada minucia donde quepa comparar.
Quisiera cubrir mis ojos,
dejar de ver cómo se abre mi piel...
No se puede arreglar un destrozo,
pero hay que ser fuerte para
inventar vendas en el sollozo.
Burlaré a la conciencia para no recordar
lo poco que me hizo bien y lo mucho que me hizo mal.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

